HAMACAS

Deslizate en la plaza surrealista

sábado, 15 de enero de 2011

Abeja

MIRADAS EXTRAÑAS, MENTES TÍMIDAS, MUNDOS EXTRAÑOS QUE NOS MARGINAN.
EL ORDEN DE TUS SENTIDOS NO CORRESPONDEN A LOS MÍOS:
VÍAS DISTINTAS, CUERPOS CAMBIADOS.
EL ESTADO DE MIS HUESOS NO RECIBE SERENATAS, SÓLO MIRADAS DE ESCALOFRÍOS POR TUS OJOS GRANDES.
TU FUNCIONAS COMO MÁQUINA: LA MENTIRA DE TU VOZ INVENTA OTRA PERSONA ANTES DE CONOCERLA.

TODO ES SUSPENSO, EL SUSPENSO HACE DE TÍ UNA GOTA DE AIRE, AQUÍ ENCUENTRO LO INDESCIFRABLE:
ESO QUE NO SÉ QUÉ ES Y QUE AL CAPTURARLO YA NO ESTÁ.

HUÍSTE DEL CONTORNO OVALADO QUE ME RECORRE
NO QUICISTE PERTENECER A MI CABEZA ESTÁTICA SOSTENIDA POR DOS ALAS
SACUDISTE EL NÉCTAR DENTRO DE MI CUERPO
TU EXPEDICIÓN EN MI MUNDO TERMINÓ COMO ESCAPE
AL ESCAPARTE LOGRASTE QUE NO ABSORVIERA LA TORMENTA, ME DEJASTE MORIR.

TÚ CULPABLE:
INSECTO DE LÍNEAS QUE NO DICEN NADA
INSECTO DE ALAS, MÁS DIMINUTAS QUE LAS DE UN PÁJARO
INSECTO DE AGUJA JUSTIFICANTE DE MI POSTERIOR DOLOR
INSECTO QUE ADQUIRIÓ UN NUEVO NOMBRE EN LAS GOTAS DE LA LLUVIA
ANALÍA PÉREZ PORTILLO

Adentro soy yo, afuera los otros.

Al soplar el viento hacia adentro:
La sangre en mi cuerpo es creciente de esferas vivas.
Las células se mueven, como tornados encadenados por la mitosis.
Las membranas, son telarañas rotas por la sudestada.
Los huesos resisten las estrategias del aire sin dificultad.
La piel, es lámina de un globo que tiene como objetivo los lugares más altos.
Partes que forman el aparato orgánico, convulsionados por la eólica respiración.

Al soplar el viento hacia afuera: conexiones de otros acoplados formados por células, membranas, piel y sangre, son víctimas de la comunicación del habla. Reciben los sentidos del viento hacia adentro, son mutables.
Ese viento es la cara individual que comparte a través de canales, la respiración hacia fuera que produce el diálogo de los colectivos.
Analía Perez Portillo
Como ocultarse en el plano

La manija me introdujo en el espacio físico que estaba oscuro, el aire era húmedo y parecía no coincidir con mi aire, las sillas tenían un tamaño exagerado, como la exageración del no existir que transmitían aquellos colores, las ventanas parecían alambres de luto, los cuartos eran cubos rotos de madera, los baños volcanes de agua sucia.
Camine dos vueltas de manzana y comencé a descubrir los diferentes desniveles de la pared: rugoso, áspero, frío. No había tiempo de congelamiento, todo el espacio corporal: manos, ojos, pies, cabeza; bailaban, reían y saltaban.
Siguiendo el movimiento táctil dentro de aquel escenario percibí un angosto pasillo detrás de las cortinas sucias. La iluminación se distinguía por un hilo fino cuya dirección se acercaba a unos bordes dorados que encerraban un paisaje verde oscuro con una línea de horizonte desnivelada. Desde allí mire hacia arriba, se acercaba una tormenta, a lo lejos visualicé una mezcla de soldados, comencé a percibir el miedo en segundos: viento de fusiles, nieve de birretes, caballos rotos, agua roja.
Me escondí en un árbol caído, sentí unos dedos que me tapaban la boca, no quería ver al enemigo y me esforcé para que mi pie pisara la casa. Cuando toque la madera mis pulmones estaban tranquilos. Las sillas estaban corridas, habían colocado gente, todos aplaudían el cuadrado.
En ese momento, decidí nadar en el agua sucia del baño, quería volver a escapar.


Como encontrarse y escaparse del personaje ficcional

En cada dedo surge la fuerza extrema de cerrar la mano y dirigirla hacia alguien, ya no hay elementos que admitan la prudencia, todo es velocidad, la cabeza gira de todas formas, las sensaciones son inexplicables.
Me siento en la pantalla en una distancia lejana. Los personajes se apiadan de mí, son ellos mismos, los que fabrique con hilos de movimiento. Uno, se hizo realidad.
Fastidio siniestro por ver de nuevo sus pupilas mirando fijo desde un lugar poco táctil, las ganas intensas de tocar su cuerpo fueron suprimidas, en la película el hombre muestra su fragilidad y temo el derrumbe en mis manos.
Las imágenes continúan, ese uno desaparece, pero sigue en los escalones de mi mente.
Miro solo mis ojos y siento que ellos están duros, logro visualizar una diferencia: en esa parte de mi facial, hay susto, por el personaje que apareció en la mitad de la cinta, pero la sensación extrema del miedo, es ese uno que se metió en mi cuerpo y no tuve tiempo de perseguir: a veces nos perdemos en laberintos corriendo con los pies en el asfalto, borramos las calles, para no introducirnos en las otras personas y no encontrar en el cuerpo del otro la comodidad de la existencia.
Las carcajadas frente al visor apabullan verdades inciertas, utilizamos tácticas de juego para derribar lo real, nos trasladamos por mundos semánticos y esquivamos los del sin sentido.
Mundo real adherido a la ventosa del mundo mágico comprimido en la pantalla, los registros de pies y manos que me acompañan quedaron en estado neutro.

Analía Pérez Portillo

Salpicando el sin sentido, Camila caminaba hacia lo finito

Está lloviendo sobre el espacio que siente tristeza. Las gotas golpean con un relleno de litro y medio, pero Camila no se identifica con las lágrimas del colchón. Su cara tiene el apatismo exacto de la nada, sumergida en un camino de árboles hechos al revés.
A sus ojos los vino a buscar el sin sentido, se la llevan.
Su garganta pide la tos seca. El remedio es fantasma y la ahuyenta, pero la enfermedad vuelve: virus, fiebre amarilla, germen.
Epidemia .Camila requiere que su cuerpo se convierta en solvente deteriorado, que su aire se esfume en vientos anulados y que al fin el ambiente quede intoxicado.
El aire frío entra por el costado de la ventana, mientras el silencio le pide que se vaya.

Analía Pérez Portillo

La princesa en manos del caballero

Las costuras entre los cuerpos se han cortado debido a los crucigramas de vidas que no han podido ser fusionados.
Bárbara soñaba una mente extraña de locura masculina que hacía cambiar su rostro, trasgredido por querer a una persona que jugaba a las escondidas con la ilusión de su particular debilidad.
Un caballero que derrumbaba castillos de damas y permanecía en las torres dirigiendo el mando sin provocar heridas en su propio elemento.
Las gotas que caían en Bárbara expresaban la historia, visualmente era la forma de captura de ese ser innombrable que sólo a ella le gustaba nombrar.
Un imán permanecía en él, ni un segundo podía soltar a su princesa, le gustaba sofocar su cuerpo y encontrar en ella todo lo que le faltaba a él: cielo azul en una perspectiva de progreso.

Analía Pérez Portillo

viernes, 17 de septiembre de 2010

El lugar

Los puentes siguen la idea pensada, todo se edifica como miel, lenta y golosamente.

Cuando armamos esa construcción aparecen sonidos perturbadores que no te dejan poner el ladrillo colocado con engrudo. Pero uno sigue, porque siempre hay algo o alguien que te aprolija el relleno de lo generado y los rascacielos que hiciste terminan siendo montañas.

El día que lo conocí me dijo que quería vivir en una ciudad repleta de relieves, dónde lo único que fluye es el ruido de la naturaleza y las voces de los dos. Yo lo seguí, porque sabía que iba a encontrar con él mi verdadero lugar, como si fuera que tengo en mis manos la bola mágica que dice: “vas a vivir un cuento”. Me encanta que seamos los personajes de esta historia que predigo con mis ojos y mi boca, hasta cuando camino por la calle sé que lo sé todo, lo puedo llegar a gritar porque no me fastidia esta soberbia fantástica.

Llegó el momento de sorprenderme con el aire que respiro, beber ese jugo de frutillas que me tomé ayer, dejar mensajes a la gente para unirme a ella y que seamos todos rascacielos irrompibles.

Algo está por llegar, es ese lugar que tanto esperaba, desde que era chica y pensaba que la gente de radio eran títeres que debatían y ponían música. Yo formo parte de ese juego soy una marioneta que se alegra, te discute y te invade de sonidos luminosos para crear la mejor provincia del mundo llamada:

SI SOS TÍTERE MULTICOLOR PREPARATE PARA LO QUE VIENE.

Analía Pérez Portillo

domingo, 22 de agosto de 2010

¿Hormigas o humanos?

En una tapa de yoghurt duermen las hormigas, en el instante menos pensado se despiertan para absorber todo el líquido, sabor a frutilla.

Tienen la medida justa para satisfacer sus necesidades: comida y siesta.
A pesar de sentir lo dulce y cerrar los ojos, siempre sienten que les falta algo: tener los defectos humanos de la crítica y la crisis nerviosa. No pueden hablar, ni trasmitir, solo se mueven de un lado al otro, simulando nervios poco creíbles. Tampoco discuten , solo creen que lo hacen cuando se golpean entre ellas.

En una característica se parecen a los humanos: siempre hay una persona que se enamora de alguna y les regala flores, cuando cumplen el aniversario y se van al cielo.

Cuando forman fila para armar su hormiguero, piensan como alumnos de escuela, el más alto último y el más pequeño es un bicho bolita. Como si fuera que ser pequeño es llamarse de otra manera, pero tener la misma esencia del adulto. A modo explicativo: satisfacemos nuestro ser, vivimos sin querer con el defecto, nos enamoramos cuando abrimos los ojos, los cerramos y pensamos que somos una persona cuando en realidad somos dos en constante cambio.

Analía Pérez Portillo